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sábado, 6 de octubre de 2018

HUIDA AL ANOCHECER

Nuria corría como alma que llevaba el Diablo. Estaba anocheciendo y no había ni un alma en el enorme parque. La niña huía de algo. Tenía catorce años y pese a que refrescaba llevaba una falda corta y una camiseta de tirantes desgastada de tantas veces que se había lavado. No quería mirar hacia atrás ni falta que le hacía. Delante de ella, a unos cien metros, se hallaba un chico, estaba sentado en un banco de los que bordeaban el sendero principal del parque. Corrió todavía más, si se iba estaba perdida.

Rubén iba todas las tardes al parque, le gustaba ver a la gente pasear, correr, reír y hasta discutir cuando lo hacían. En definitiva, le gustaba observar. También le gustaba observar a las adolescentes que hablaban del último programa que habían estrenado en televisión o del chico nuevo que se sentaba junto a ellas en el instituto, entre otros temas. A veces se imaginaba que se habían fijado en él y cuchicheaban para ver cual de ellas se acercaba a decirle algo. Tenía treinta y dos años y se había liado en el último año con seis quinceañeras, año arriba, año abajo. Eso le había acarreado algún problema, de momento, de carácter leve. Y ya eran ganas de complicarse la vida, porque Rubén era un tipo atractivo. Era alto y delgado, con el pelo bastante claro, ojos verde oliva y un don de gentes envidiable. Vamos, que se podía haber ligado a muchas mujeres de su edad. Pero él prefería las quinceañeras. Era extraño que no hubiese gente a esas horas por el parque, pero lo veía con sus propios ojos, ni un alma. Ni una pareja de novios paseando, ni un drogadicto escondiéndose para meterse su ración diaria, ni abuelos, ni niños ni nadie. Aunque….escuchó unas pisadas acercándose hacia él. Se volvió. Puso una sonrisa enorme al ver a la niña, que encima iba derecha a él y, qué coño, no había nadie más por los alrededores. Nuria paró enfrente suya, jadeando. Era casi tan alta como él, delgada, pelo rubio y unos grandes ojos azules que le conferían un rostro muy agradable.

― Hey ― dijo él ― tranquila preciosa.

La chica le miró y por fin sonrió.

  ― Menos mal que está usted aquí, he visto algo muy raro y me ha dado miedo.
  ― Calma, calma, y no me trates de usted ― le tranquilizó ― ¿qué has visto?

Ella lo miró en silencio, dándole suspense.

― Un fantasma.

Haciendo un esfuerzo por no echarse a reír, enseguida trató de sacar tajada al asunto, en eso era todo un maestro.

― ¿Cómo era?

 Nuria volvió a coger aire.

― Le faltaba media cabeza.

Rubén abrió los ojos como platos, mientras su mente analizaba el tema para que la chica quedase prendada de él.

― ¿Por dónde lo has visto?
― Detrás de esa curva, unos metros más allá ― dijo volviéndose para señalarle el lugar.
― Vamos a echar un vistazo ¿cómo te llamas?
― Nuria.
― Es un nombre muy bonito, casi tanto como tus ojos.

La chica sonrió y lanzó una risita nerviosa.

― Gracias.

Él la miró satisfecho, de momento, le estaba saliendo todo genial. Le tendió la mano para que ella se agarrara y así lo hizo. Caminando, Nuria se quería quedar rezagada, no quería ir al lugar que le había dicho.

― Tranquila ― le dijo ― yo te protejo.

Ella sonrió y aligeró el paso, como si aquellas palabras ahuyentaran a los espectros. Con un cuidadoso disimulo, Rubén le empezó a acariciar la mano suavemente y a ella no pareció importarle, se sentía cómoda con él y después de todo, era la única persona que había en el parque. Llegaron a la zona, donde Nuria dijo haber visto la aparición, Rubén miraba aparentando interés, peor no vio nada. Y por fin se le encendió la bombilla.

― ¡Si, ya lo veo! ― dijo apretándole la mano a la chica ― ¡es terrible!
― ¡Yo también lo veo! ― dijo poniéndose detrás de él sin soltarle la mano ― ¡me da miedo!

Poniendo cara de estar aterrorizado, y haciendo un titánico esfuerzo par ano reírse, Rubén se volvió hacia ella. Volvió a mirar a ver si había gente. Nada.

― Nos vamos del parque, corazón.

Y sin pedirle permiso a la joven, metió sus encalladas y duras manos por dentro de la falda, agarrándole el trasero y levantándola en el aire, para pegarla a su cuerpo.

― Así iremos más rápidos, mi amor.

Sonrió agradecida y se abrazó al cuello del hombre. No llevaban veinte pasos, cuando él empezó con otra pantomima. Se volvió hacia atrás y empezó a correr.

― ¡Dios mío, viene hacia nosotros!

Empezó a correr más rápido, el problema es que podía entrar alguien en cualquier momento, eso y que se estaba impacientando.

― ¡Lo veo, corre porfi! ― decía ella.

Aprovechando para agarrar mejor las nalgas de la niña siguió corriendo. Cada paso, y debido al traqueteo al que la sometía Rubén, la chica lanzaba suaves gemidos. Por fin salieron del parque. Paró la carrera pero no bajo a la muchacha, la cual se separó un poco de él, lo suficiente para que él viese que no llevaba sujetador y que se le transparentaban a través de la camiseta, los pequeños pechos. Sonrió.

― Cariño ¿es que no llevas sujetador?

Ella lo miró y negó con la cabeza.

― Ya se lo que podemos hacer. Yo vivo en el portal que está en mitad de la calle ― lo señaló con la cabeza ― podemos subir a casa, descansamos de semejante experiencia y te doy un sujetador de mi hija que tiene tu edad ¿vale, cielo?

Por supuesto no existía tal hija.

― Vale ― dijo ella ― pero no te he dicho mi edad.

No se esperaba el comentario, pero tenía la respuesta. Ya le había pasado alguna vez más.

― Supongo que tienes trece o catorce.
― Catorce.
― Mi hija también ― le miró los pechos de nuevo ― y tendrá tu talla más o menos.
― Supongo que es una chica muy guapa ― dijo ella recostándose sobre el hombro de él.
― Casi tanto como tú.

La tenía en el bote, había caído a la primera y ahora, después de la comedia montada con el dichoso fantasma, le tocaba disfrutarla. Casi habían llegado al portal, curiosamente, seguían sin ver a nadie. Era curioso. Rubén se alegraba de ello, pero era raro. Nuria empezó a temblar y a agitarse de nuevo.

― ¡El fantasma está aquí! ― gritó.

Dichoso fantasma, ya estaba hasta las narices de la historia esa.

― No digas tonterías, se ha quedado en el parque.

Y si era una tontería ¿por qué se sentía algo inquieto?

― ¡No, está aquí, mira!

Se volvió despacio, casi esperaba ver algo, pero lógicamente no vio nada.

― No cariño, no está.
― ¡Está aquí, tengo miedo!

La separó para besarla y así relajarla, pero cuando miró a la cría se quedó blanco ¿cómo era posible?

― ¿Lo ves? ― decía ella aterrada.

Pero él solo la miraba a ella, veía la mitad de su cabeza, que estaba cortada de manera vertical, la otra mitad, simplemente no estaba. Incapaz de quitarle las manos de las nalgas, notó como la sangre de la niña se escurría por encima de él, al igual que trocitos de cerebro iban cayendo también encima suyo. Su angelical rostro se había convertido en media cara horripilante.

― Muy bueno lo de que veías al fantasma.

Ya no tenía voz de niña, ahora era mucho más masculina. Rubén había enmudecido totalmente, no podía articular palabra, solo miraba esa mitad de un rostro. Pero como si el destino le hubiese deparado conocer a Nuria, con ironía, seguía apretándole las nalgas con sus manos, mientras su rostro se empezaba a desfigurar y litros de sangre caían por su cuerpo, tiñéndolo de rojo oscuro.

Y por fin empezó a gritar.

4 comentarios:

  1. Muy bueno Javi, has conseguido crear clima de misterio y me ha gustado el final absurdo y subrealista

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    1. Gracias. Me alegro de que te haya gustado, pero no se quien eres, donde debería ver un nick, solamente veo "Unknown"

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  2. Javi, sigue con la historia, parece l principio morbosa pero en realidad ese tema es fuertem. Me encanta espero la continuación

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    1. Lamento decirte que no hay continuación, pero si podrá haber algún tipo de "spin off" o algo así. Me alegro de que te haya encantado pero no se quien eres, me sale "Unknown"

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