Clara era una joven de catorce años. Vivía con sus
padres en un piso de Zaragoza. Era más madura de lo que su edad decía y por
eso sus padres, se iban algunos fines de semana dejándola sola. Como ese fin
de semana, era sábado y volvían al día siguiente, pero aún le quedaba parte de
la tarde y el domingo casi todo el día para estar a solas.
Llevaba el pelo largo y suelto, negro como una noche sin luna. Era la más alta
de sus amigas y del instituto donde estudiaba. Su esbelto cuerpo ya estaba
formándose como mujer, pues las miradas de los hombres eran cada vez más
abundantes. Sus ojos marrón claro eran bonitos y alegres, aunque la joven era
bizca. En el puente de la nariz, un pendiente plateado destacaba como si fuera
otro rasgo facial.
Sus amigas, Nuria y Elisa, no tardarían en llegar,
se quedarían hasta casi medianoche. Mientras tanto, iba a hacer las dos cosas
que más le gustaban, de hecho una ya la había hecho, se había quedado con una
camiseta y unas bragas de color azul cielo, no llevaba nada más. Lo otro que le
encantaba a la chica, era la tecnología. Y allí estaba tumbada en el sofá, con su móvil
de última generación, mirando aplicaciones interesantes. Había visto una que
ofrecía una agradable, interesante e inteligente conversación interactiva. De
portada venía el avatar de un joven, muy bien detallado. Miró en los comentarios de la
gente, y en todos ellos solo habían puesto una palabra “Asmodeo” No sabía lo
que era, nunca la había oído. Curiosa, busco su significado en Wikipedia y lo
que leyó la dejó todavía más confusa.
La web decía que Asmodeo era el nombre de un demonio, que comandaba más de setenta legiones. Era el demonio de lo perverso y de lo inmoral. Aparte de que no creía ni en Satanás, ni en Dios, no tenía ni idea que pintaba en los comentarios de una aplicación de móvil, un demonio. Si los de la aplicación o los de la marca del móvil se pensaban que iba a pagar por bajársela, lo llevaban claro. A veces se inventaban cosas absurdas para que la gente pagase, pero no sería ella. Así, que más curiosa que antes, se la empezó a descargar.
Mientras se descargaba la aplicación, sintió la
necesidad de taparse un poco más, así que se incorporó y se bajó la camiseta
para ocultar sus braguitas. También notó que estaba sudando. Cuando el móvil,
emitió el “clink” de que la aplicación ya estaba instalada, Clara se
sobresaltó. Diez segundos después estaba sonriendo.
― Vaya tontería.
Pero por algún motivo estaba incomoda. Se levantó y
vio que llevaba la camiseta empapada. Se volvió a sentar y se centró en el
móvil, Abrió la aplicación, le pedían un nombre y algunos datos más sin
importancia. Puso que se llamaba Sofía. Después tuvo que elegir entre una serie
de avatares distintos. Había chicas y chicos, de todas las formas imaginables,
escogió uno cualquiera y escogió el modo micrófono para no tener que estar
escribiendo todo el rato. El avatar empezó primero.
― Hola Sofía,
soy Jero y hablo de lo que quieras. ¿De qué te gustaría hablar?
― Política y fútbol lo descartamos ¿qué tal sexo? ― dijo sonriendo.
― Política y fútbol lo descartamos ¿qué tal sexo? ― dijo sonriendo.
La aplicación parecía inofensiva.
― Claro Sofía, pero tengo que hacerte una
pregunta ¿Cuál es tu edad?
Por supuesto no le iba a decir su edad.
― Veinte años.
― ¿Segura?
― No, tengo dieciocho, eso si.
― Los mentirosos van al infierno, Sofía. Tienes
catorce años.
Clara soltó el teléfono.
― ¡Dios mío!
Lo había echado encima del sofá ¿cómo había sabido
su edad? No se atrevía a coger el móvil. Se había bloqueado y no podía pensar.
Poco a poco se tranquilizó. Lo de la edad, podía ser algún sistema para detectar menores para que no usaran la aplicación.
Miró el teléfono. Su respiración se aceleraba. Solo era un puto teléfono,
alargó la mano y cuando iba a cogerlo llamaron al timbre. Con el corazón a mil
por hora dio un grito, se volvió a apartar del celular. Y fue hacia la puerta.
― ¿Quién es?
― su voz era temblorosa.
― Blancanieves y Caperucita ¿abres la puerta o
qué?
Era la voz de Elisa. Más relajada, abrió la puerta y
allí estaban ellas. Elisa la miró de arriba abajo.
― ¡Guau!
Clara, coqueta y tímida al mismo tiempo, se sonrojó.
― ¿Por qué abres en bragas? ― Le
dijo Nuria.
― Sabia que eráis vosotras.
― ¿Y por eso has preguntado quién es?
Clara se apartó a un lado para que sus amigas
entraran, después cerró la puerta y las tres fueron al sofá. Ahora el teléfono
parecía más débil.
― Os voy a
contar lo que me acaba de pasar. Estaba buscando una aplicación distinta porque
me aburren casi todas, he visto una que ofrecía una conversación inteligente y
agradable, pero que en los comentarios de los usuarios solo ponía una palabra
“Asmodeo” o algo así.
― ¿Y qué es eso? ―
preguntó Nuria.
― No lo sabía, así que he mirado en la
Wikipedia y he visto lo que es, o mejor dicho, quien es.
― ¿Y quién es?
― Un demonio. El de lo perverso y lo inmoral.
― ¿Y qué tiene que ver con la aplicación? ― dijo
Elisa.
― Ni idea, pero me la he descargado y he empezado a usarla.
― ¿Y mola?
― le preguntó Nuria.
― Tiene muy buena pinta, pero cuando me ha
preguntado la edad le he dicho primero veinte y después dieciocho. Y ahora
viene lo feo de este asunto, me ha contestado que los mentirosos iban al
infierno, que yo tenía catorce años.
― ¿Es todo? ¿Por eso te has asustado?
Clara miraba a Elisa desconcertada.
― Pueden pasar dos cosas. O que tenga detector
de edad, hay móviles y aplicaciones que lo tienen o que algún friki de la
tecnología te esté tomando el pelo y sepa que eres tú.
A la vista saltaba que Elisa sabía de aplicaciones
de internet, móviles, Tablet, ordenadores portátiles y de sobremesa,
televisiones y todo tipo de aparatos multimedia. No era por ella, sino por sus
padres, ambos tenían un alto cargo en Vunten Corporation, una empresa de telefonía móvil, que estaba subiendo en la
industria tecnológica. Aunque no quisiera, era lo que veía en casa, así que se
le iban quedando cosas en la cabeza. Físicamente era casi tan alta como su
amiga, quizá le faltase un centímetro para igualarla. Pesaba un poco más que
Clara y Nuria. Su pelo rubio lo llevaba cortado a la altura del cuello y sus
ojos eran de color azul oscuro, también llevaba un pendiente, pero ella en el
ombligo. Era más abierta con la gente que sus amigas. Podríamos decir, que de
las tres, Elisa, era la que más parecido tenía con la extinta manera de ser de
los jóvenes de los años ochenta. Los que hacían travesuras en las calles de sus
barrios y se estaban todo el día en la calle.
― Déjame probar
― dijo cogiendo el teléfono ―
¿eres Sofía?
― No quería poner mis datos de verdad.
― Soy Sofía, sé quién se esconde detrás de ese
avatar, da la cara.
― Dos cosas. No sabes quién soy y tú no eres
Sofía.
― Detector de voz ― les
dijo a sus amigas, como si ya se lo esperase, después se dirigió a la aplicación ―
¿esos son todos tus trucos?
― Claro que
no…Elisa..
Clara y Nuria se llevaron sus manos a la boca para
no gritar.
― ¡Anda! ― dijo
la chica sin inmutarse ― si tú móvil averigua con quien hablas. No me
digas más, incluso habla ¿en serio te crees que con un truco barato vas a
asustarnos?
― A ti ya te
estoy viendo que no es fácil, pero a Nuria y Sofía…perdón, Clara, veo que están
muy asustadas.
Nuria y Clara estaban al borde de un infarto, las
dos chicas se cogieron la mano, la cosa era más seria de lo que parecía. No era
ningún salido de internet, ni una broma, alguien se había tomado la molestia de
asustar y lo estaba consiguiendo. Elisa mantenía la calma.
― Veo que te has tomado muchas molestias en
saber quiénes somos y en ocultarte tú, pero ¿por qué? ¿Hemos hecho algo que te
haya podido ofender?
― Habéis abierto un portal. Tu amiga Clara lo
ha abierto y vosotras os habéis entrometido.
― No, mi amiga solo se ha descargado una
aplicación, nada más…
― ¡Esto no es un juego, es una portal al
infierno! Y si tengo que llevarme a las tres, me presentaré en Zaragoza, en la
calle Vicente Martín, número sesenta y cuatro.
― ¿Me estás vacilando?
― Primero me divertiré con las tres. Una por
una. Nuria, Elisa y me dejaré lo mejor para el final, la dulce Clara. Mírala
Eli, está asustada, y al mismo tiempo en bragas, coqueta pero temerosa. Voy a
disfrutar comiéndote entera, Clarita…
― Ya está
bien ―
Elisa apagó el teléfono ― ya era
suficiente
Miró a sus amigas, en especial a Clara. La chica
estaba al borde de sufrir algo chungo.
― No hagas
caso, Clara. Será algún chiflado con conocimientos de internet y las nuevas tecnologías,
pero un chiflado. Seguramente lo estaba usando tu propia cámara del teléfono
para vernos, pero se acabó…
¡CRASH!
Esta vez el susto fue para las tres. Se miraron. No
sabían que decir. Estaban aterrorizadas. Ni sabían a quién acudir. Elisa, la
que más parecía mantener la calma, miró a sus amigas.
― Tendremos que ir a ver que ha sido ese ruido
¿no?
― Puedo vivir con la duda ― dijo
Nuria.
También ella era una joven bonita, no tan alta como
sus amigas pero igual de flaca que Clara. Su cabello era castaño claro, largo y
casi siempre lo llevaba recogido en una coleta, excepto en ese momento. Sus
ojos eran marrón claro y de grandes pupilas, se podía decir que tenía una
mirada diferente, curiosa y por supuesto eso la hacía interesante.
― Reconozco que es bueno, pero eso tiene que
ser un truco, muy bueno, pero un truco
― dijo Elisa levantándose ― voy
a ver que ha pasado.
Clara se levantó para seguirla y se quedó mirando a
su otra amiga, le decía con la mirada que fuese también ella, que si estaban
juntas no les pasaría nada, así que con cara de frustración, también siguió a
Elisa. A mitad del pasillo, un cuadro yacía en el suelo.
― Ahí está el causante del ruido ― dijo
Elisa.
Clara vio que era un retrato donde salía ella con
sus padres. El cristal estaba roto, el ojo del cuadro estaba bien y la escarpia
en la pared también, entonces ¿por qué se había caído?
― ¿Quién es ese señor tan mayor? ―
pregunto Elisa mirando el retrato de al lado.
Clara miró y enarcó las cejas.
― No lo sé.
Ni siquiera sabía que estaba.
El cuadro era horroroso. Presentaba un señor muy
mayor, con cara de psicópata y una sonrisa perversa. Detrás de él había una
casa, y a través de sus ventanas se veían rostros de niñas que parecían
asustadas.
― Es muy feo el cuadro ― dijo
Clara ―
y esas niñas de detrás me están poniendo nerviosa.
― Ya se podía haber caído el del viejo ― dijo
Nuria.
― El caso es que el ojo y la escarpia están
bien ―
dijo Clara
No era normal. Ni lo del cuadro ni lo de aplicación.
No era una broma, no sabían que pasaba pero la tensión se podía cortar con unas
tijeras. Volvieron al sofá.
BIP BIP, BIP BIP
Le acababa de llegar un WhatsApp al móvil. Todo
normal, pues tenía más de cien contactos, pero lo que no era normal es que
llegase estando el teléfono apagado. Se miraron.
― ¡El teléfono está apagado! ¿Cómo es posible?
Elisa cogió el móvil y lo miró. En la pantalla salía
como si fuera el WhatsApp y un contacto desconocido, pero mostrando un número
normal. Abrió el mensaje y lo leyó en voz alta.
― Dile a tus amigas que también se queden en
bragas y así cuando llegue y me abráis la puerta, podré decir “guau”
Volvió a tirar el teléfono, que seguía apagado. Era
de locos.
― Hay que llamar a la policía ― dijo
Nuria.
― Genial, Nuria ¿y qué les dirás? ¿Que una
aplicación del móvil nos ha amenazado?
― No lo sé pero voy a llamar
Y marcó.
― Policía local. Emergencias.
― ¡Necesito que vengan por favor, somos tres
chicas de catorce años y alguien no ha amenazado de muerte y estamos muy
asustadas!
― Dime la dirección.
― Calle Vicente Martín, numero sesenta y
cuatro. Primero izquierda.
― Enseguida llegará una patrulla.
Con manos temblorosas, se guardó el móvil en los
vaqueros. Y la verdad es que en menos de tres minutos ya estaban allí. Habían
oído la sirena apagarse justo frente al edificio y poco después llamaban a la
puerta de arriba. Las tres chicas
corrieron a abrir. Y allí estaba el agente, se quedó mirándola asombrado, pues
Clara no llevaba pantalones. Entró en la vivienda y cerró la puerta.
― Guau.
Clara se quedó de piedra, pero tuvo la suerte de no
estar cerca de Asmodeo. Elisa, debido a que era la misma voz que la de la
aplicación, se impresionó y se echó hacia atrás, pero Nuria no cayó y se acercó
a él.
― Agente, nos están acosando a través del…
El falso agente la miró y le dedicó una sonrisa.
― Eres la que menos habla de las tres ¿es que
se te ha comido la lengua el gato?
Y de su boca empezó a salir una lengua que se
enroscó en la cintura de Nuria. El demonio acercó su rostro al de ella y una nueva
lengua más corta, lamió todo el rostro de la chica. Cuando terminó se relamió.
― Estás realmente sabrosa.
Y abrió la boca. Una boca enorme, que iba desde el
suelo hasta la cabeza de Nuria. Unos
dientes enormes y en pico hacían acto de presencia. De nuevo sacó la lengua más
corta y pasándola por el cuerpo de ella, le despojó de su ropa, y empezó a arrastrarla hacia él, mientras sus dos amigas miraban sin poder hacer nada,
estaban bloqueadas por el horror. Poco a poco, y como si estuviese degustando
un menú, fue comiéndosela. La niña, pataleaba débilmente, pues la lengua ya no
le sujetaba. La sangre caía a chorro sobre el suelo. Por un momento parecía que
podía escapar, pero cuando iba a caer de la boca de Asmodeo, el mismo demonio,
le empujó del culo y terminó metiéndosela a la boca, para, por fin, tragársela.
Después se volvió a relamer y miró a las otras dos niñas.
― Estaba muy tierna, pero un pelín sosa.
Y por fin Clara se desbloqueó. Echó a correr hacia
su amiga, que seguía mirando la sangre y los restos de Nuria.
― ¡Al baño, Eli!
Asmodeo intento cogerla por la camiseta, y logró
agarrarla pero se rompió, dejando a Clara solamente con las bragas. Ella ni se
dio cuenta. Y él tampoco le dio mucha importancia, porque al verla se relamió
nuevamente. Una vez que también hubo reaccionado Elisa, aprovechó la pequeña confusión del demonio para ir detrás de ella,
entraron en el cuarto de baño y Clara corrió rápidamente el pestillo. Después
se fueron a la ducha y se apoyaron en la pared, mientras se abrazaban. En
realidad no sabían si un simple cerrojo detendría a ese ser demoniaco, pero no
se le había ocurrido otra cosa. Ya se había dado cuenta de que iba en bragas,
pero le dio igual.
― ¿Podrá entrar? ―
preguntó Elisa.
― No lo sé.
― ¿Qué le ha hecho a Nuria?
― Creo que se la ha comido.
Elisa miró a su amiga, por la frialdad con la que
había contestado.
― Eso he creído ver ―
dijo ― ¿Qué nos hará a nosotras?
Dos estruendosos golpes sonaron en la puerta. Clara
esperaba que de un momento a otro entrara, pero de momento no pasaba. Seguía
abrazada a Elisa, mientras pensaba en lo que había pasado. Tenía que ser la
aplicación, como él mismo había dicho, debía ser un portal al infierno. Pero
¿cómo era posible?
― Salid chicas, no os voy a comer. Ya me llevo
el alma de Nuria, no necesito más, os perdono la vuestra.
Sencillamente, Clara no se lo creía y por eso ni
contestó, ni hizo intención de salir. Por lo visto no iba a entrar al baño.
― Elisa, no te haré nada. Me ha gustado mucho
hablara través de la aplicación contigo. Eres inteligente, además de bonita.
Y Elisa picó el anzuelo. Se separó de su amiga y
salió de la ducha, mientras Clara la miraba atónita.
― No salgas Eli, es una trampa.
Pero ella no la oía. Llegó hasta la puerta, corrió
el cerrojo y la abrió. Él no estaba. Clara vio la oportunidad de salir de allí.
Pero si estaba, se dio cuenta cuando ella atravesó la puerta, él estaba
camuflado, siendo parte de la pared. Ella miraba a todas partes, pero cuando se
dio cuenta de que le había engañado, ya era tarde. Él se transformó en la falda
que llevaba la joven. Después de rasgarle la camiseta y el sujetador empezó a
comérsela, como a Nuria, pero de forma más grotesca. Revolcaba a la chica por
el suelo mientras se agitaba y protestaba. De vez en cuando, se veía una larga
lengua salir y lamerla. Entre lametones, nada agradables, pues la lengua iba
provista de miles de pequeños pinchos, Clara vio cómo, empezaba a succionarla,
como si bebiese de una pajita. Por un momento vio a su amiga alargada, como si
un dibujo animado fuera. Se escuchó como absorbía y Elisa despareció. Pese a
todo lo que acaba de venir y repulsión que le causaba, se acercó a la puerta
del servició y la volvió a cerrar, corriendo de nuevo el pestillo. Y volvió a
la ducha. Ahora si echó de menos algo de ropa, no por frio, por comodidad.
― Clara ¿Cómo quieres que te coma a ti? Si
quieres puedo ser un móvil, ya que te gusta tanto la tecnología. O puedo ser el
chico de la aplicación. Puedo ser Nuria o Elisa, o tus padres. O tu tío
Roberto, no sé si lo recuerdas, aquel que cada vez que tenía por aquí, tú
corrías a esconderte.
Y se acordó de su tío Roberto. El hermano de su
padre, que siempre la manoseaba cuando ella tenía ocho años. Su padre se enteró
y una noche, juntó con dos amigos, se fueron a casa de él, para ir de caza. Ya
nunca más volvió a saber de su tío.
― Te deseamos suerte, Clara ―
decía él, emulando la voz de Elisa
― pero ya sé lo que prefieres.
Sabía que las voces eran falsas, ni siquiera creía
en demonios y fantasmas, pero lo que fuese aquello la estaba atormentando.
― Por cierto
¿quieres saber quién es ese señor del retrato de pasillo?
― ¡Por
Dios! ―
ella trató de pensar en otra cosa, pero no podía.
― Es uno de mis demonios de confianza, en vida
ya se lo ganó con lo que hizo. De hecho tengo trabajo para él, no ahora, pero
si dentro de unos meses. Lo mandaré a un
edificio de esta misma ciudad, de hecho está a un par de manzanas de
aquí. En la calle Merivan.
Le importaba una mierda la calle Merivan en ese
momento, solamente quería que se fuera de allí. Siguió hablando.
― No
obstante, él solo, mató a cuarenta y siete chicas entre nueve y quince años,
hace ya mucho tiempo. No solo las mató, las engatusó, se las llevó a su casa,
se las…ya sabes y por último se las comió vivas. Nunca lo cogieron, pero es un
buen tipo. Te lo voy a presentar. Ahora entrará al baño.
Ella miró a todos lados, descubrió que su corazón
podía ir más deprisa de lo que había ido. ¿Qué pretendía? ¿Qué el tipo del
cuadro, entrara a por ella? Era terrorífico ¿Cómo lo iba a hacer? Miró hacia
las cuatro paredes del servicio, casi estaba más aterrada que antes. Y
entonces, se abrió un hueco en la pared, que tenía a su derecha, que
precisamente daba al pasillo. Se apartó todo lo que pudo, mientras la cara del
viejo que había visto hacía un rato en el cuadro, se asomaba por allí.
Sonreía
con sus dientes negros y rotos. A Clara le costaba respirar, era espantoso, Él
giró despacio la cabeza hacia la niña y la miró mientras salivaba.
― Estás muy buena.
Su voz era ronca y grave, daba miedo oírla. Y sus
risas eran todavía peor, estruendosas y malévolas. Escuchaba todo eso mientras
Asmodeo, empezaba a golpear la puerta cada vez más fuerte. Clara se dejó y caer
y se sentó llorando.
― No es real,
no es real.
Y todo desapareció de repente. Tampoco se oían
golpes ni el demonio hablaba. Tampoco por el salón parecía haber actividad.
Espero unos minutos más, pero todo seguía en silencio y tampoco le incordiaba
nadie. Poco a poco se levantó y despacio fue hacia la puerta. Una duda le
surgió ¿y si era una estrategia para que saliese? Por lo visto al baño no podía
entrar por algún motivo. Se apartó de la misma, esperando un poco más. Y empezó
a escuchar algo por el salón. A su padre mientras entraba a casa.
― ¿Dónde está Calara? ―
decía.
― Estará en la piscina con Elisa y Nuria ―
decía su madre.
― Y algún chico, como si lo viera.
― Déjala Armando, está en la edad.
― Si viene preñada, verás tú en la edad que
vamos a estar nosotros.
― Mira que eres animal ― le
decía su mujer.
Clara sonrió. Eran ellos. Se dio cuenta de que iba
en bragas pero llevaba la camiseta puesta, como cuando estaba en el sofá. Abrió
la puerta y fue al salón. Si estaban allí, fue hacia ellos sonriendo.
― ¿Lo ves angustias? ― dijo
su madre ― no está con ningún chico.
― Y menos mal porque va en bragas.
― No empieces papá.
Pero corrió a abrazarlo.
― ¿Y esto?
― dijo él extrañado ― no
me lo esperaba.
― Me alegro de que ya esteis aquí.
― Nosotros también.
― Lo único que no me cuadra de esta escena,
cariño ― dijo su madre ― es
la sangre que estás chorreando.
― ¿Qué?
― dijo apartándose de su padre
De nuevo iba en bragas y algo se la estaba comiendo.
Miró a su padre, pero no era él, era Asmodeo. Su madre ni siquiera estaba.
Estaba toda babeada por su lengua y ensangrentada.
― Eres la que
más rica estás de toda la ciudad.
Segundos después la dejaba en el suelo, ayudado por
su larga lengua, la misma que se deslizaba por el cuerpo de la joven, que
estaba inmóvil. Ni tan siquiera cuando él la fusionó con su cuerpo protestó,
aunque seguía con vida.
― Bueno amigos lectores ― dijo
Asmodeo ― supongo que cuando os vayáis a descargar una
aplicación a partir de ahora, os lo pensaréis dos veces. Hoy os dejo tranquilos
porque me llevo a este bombón, pero os vigilo.
Cuando volvieron los padres de Clara, todo estaba
como lo había dejado la chica antes de bajarse la aplicación, incluso su móvil
estaba en el sofá tirado. Lo único que faltaba era la niña.