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sábado, 8 de junio de 2019

UN VIRUS LLAMADO AMOR


David entró en la empresa donde llevaba dos años y medio trabajando, con el tiempo justo. No tenía que fichar, pero siempre se las apañaba el encargado para pillarlo. Tampoco era habitual que llegase con el tiempo justo, la gran mayoría de las veces, llegaba 5 minutos antes.



  ¡David, que no eres nuevo coño, ya sabes que tienes que entrar un poco antes para que tu compañero te diga lo que tienes que hacer!



  Lo sé, pero me trae un amigo que trabaja ahí al lado y ha venido a recogerme tarde.



  Ya, seguro que cuando ibas a la escuela eras de los que decías que el perro se había comido los deberes.



  Que va, yo no iba a la escuela.



  No me extrañaría nada    le dijo mientras se echaba a reír.



David tenía treinta y ocho años. No era alto, ni tampoco estaba gordo. Su pelo era negro brillante, adornado con un peinado de lo más común, igual que sus ojos marrones, pero él casi siempre llevaba una sonrisa en el rostro y eso, aunque salía poco, era un imán para las chicas. Menos de un minuto después ya estaba en su sección de trabajo, su compañero le explicó lo que tenía que hacer antes de marcharse. Ya era viernes. La jornada de trabajo transcurrió sin incidencias. Cuando dieron las diez de la noche se fue al aparcamiento donde le estaría esperando su novia Belén, como todos los viernes. Entró en el coche y se besaron.



  ¿Qué tal ha ido la tarde?    le preguntó antes de arrancar.

―  Se me ha hecho un poco larga, pero bueno, bien. Muy tranquila.

  ¿Muy cansado para salir está noche?

  Un poco, pero si hay que salir se sale.



después de que ella saliese de una bastante tormentosa. Se conocieron, se cayeron bien y quedaron tres o cuatro veces más con sus amigos antes de quedar a soplas, hasta que se hicieron pareja. Habían pasado un par de semanas malas, pero lo arreglaron y ambos pensaron que ya estaba superado. Pero hacía unas tres semanas, Belén le había dicho de probar a vivir juntos y él no había dicho que no, pero tampoco le hizo especial ilusión, pues vivía solo y estaba muy bien así.

  ¿Te apetece que me quede este fin de semana contigo o no quieres visitas?    le dijo con sorna.

  ¿Ya empezamos?    le contestó    te puedes quedar, pero la próxima vez avísame al menos un día antes.

--  ¿Avisar? Soy tu novia David. Nos conocemos bien, nada de lo que hagas en tu casa me va a asustar.

  Sí, pero resulta que es mi casa y me gusta que las visitas me avisen.

  ¿Para esconder a tu amante?    le dijo queriéndole gastar una broma porque veía que la conversación se ponía tensa.

  Pero ¿qué dices?    le contestó él sin pillar el tono de la chica    no hay amantes, pero si normas.

  Era una broma    le dijo ella malhumorada.

  Pues lo de las normas, no.

  ¿Sabes qué? No te preocupes que no voy a ir, y tampoco estás obligado a salir.

  Pero sino salgo te enfadarás, como siempre.

  Pues no salgas, es más, no quiero que salgas    dijo, ahora sí, enfadada    quédate en tu casa y tranquilo que no voy a ir a molestarte.
La chica paró el Focus delante del edificio donde vivía su novio, él bajó y se asomó por la ventanilla.

  Belén no te enfades, ya sabes lo escrupuloso que soy con mi intimidad.

  Y por si tenía dudas, me los ha dejado muy claro ahora mismo. Nos vemos.

Y se fue. Se quedó mirando cómo se alejaba, hasta que se perdió de vista. Subió a su piso y se tumbó en el sofá, hasta el apetito se le había ido. La verdad era que había sido un poco grosero con ella, pero el día que se comprometieron como pareja él le dijo que era muy reservado con su intimidad, lo sabía de sobra. Pero tampoco quería perderla porque la amaba. Así que decidió que saldrá al bar y cuando estuviese con ella, le diría que sí, que quería probar a vivir con ella. Se duchó, se arregló y se dirigió donde estaría ella, si es que había salido. Cuando llegó, lo primero que notó que había más gente de los normal y que no conocía a casi nadie. Miró por la barra y las mesas pero no la vio. El camarero se acercó.

  ¿Lo de siempre, David?

  Si.

El camarero le sirvió un botellín de cerveza.

  Gracias Ernesto.

Se quedó mirando hacia un rincón alejado, al otro lado del futbolín, había dos personas y se quedó mirando porque una de ellas parecía Belén….¡qué narices, era Belén!  Y estaba con otro tío ¿Qué hacían?

  ¡Joder, pero si están enrollando!

Con determinación, pero con el corazón empezando a resquebrajarse se acercó hasta ellos. El chaval era Sergio, el hijo de la de la farmacia del barrio.

  Hola Belén    le dijo aparentando tranquilidad.

Ella se volvió y se quedó de piedra al ver a su novio. Miró a Sergio, que también se había quedado de piedra. Ninguno supo que decir.

  ¿Es que se te ha comido la lengua este?

  Escucha David, entiendo que te enfades…―  empezó diciendo el otro chaval.

  ¡Tú cállate, gilipollas! Esto es entre ella y yo.

Belén se empezó a desbloquear.

  ¿Qué estás haciendo aquí?

  Te pillo dándote el lote con esto    dijo señalando a Sergio    y ¿solamente se te ocurre eso? Pues verás, quería darte una sorpresa, pero quien me iba a decir a mí, que me la iba a llevar yo.

  David, yo…

  Escúchame joder    les echó a los dos una mirada rápida, mientras notaba las lagrimas deslizarse por sus blancas mejillas    he entrado en casa y he reflexionado, me estaba sintiendo mal así que me he dicho, ves al “Abutardas” y discúlpate, sé un hombre, y cuando te disculpes, le dices que sí, que quieres vivir con ella.

A ella se le quebró la voz y las lágrimas también aparecieron en su cara.

  David…

  Pero ¿sabes qué, Belén? Que ya no me apetece vivir contigo, ni con nadie. Eso sí, gracias por recordarme que el ser humano es despreciable.

  Escucha David, lo que me ha pasado aquí, ha sido un error, era la frustración.

  Pues por mi puedes seguir frustrada mientras te lías con este, pero hemos terminado.
Salió del bar rápidamente, no quería que nadie le viese llorar. Se iba dolido porque en el fondo seguía amándola.

David siempre iba en el turno de tarde, no le gustaba madrugar y además, ya se había acostumbrado. Ese lunes entró a trabajar con mala cara. No hubo chistes, ni ganas de arrancarles una sonrisa a los demás, se limitó a trabajar y cuando se dirigían a él, las malas contestaciones eran la tónica general. La única novedad fue la llegada de una chica nueva a la máquina de al lado de donde trabajaba él. Entró con el gerente, David ni les prestó atención.

  David, te presento a tu nueva compañera. Se llama Andrea y esperemos que este mucho tiempo con nosotros, si puedes ayudarle en algo, le ayudas.
Echó un rápido vistazo a la chica. Era alta, delgada, el pelo lo llevaba largo y castaño. También eran de las que siempre llevaba una sonrisa en su rostro.

  Hola    le dijo muy seco.

  Hola David.

El no la volvió a mirar, tan seco, que hasta el gerente se quedó mirándolo antes de marcharse. Llegó el encargado para enseñarle todos los pormenores de la máquina y a las 9 de la tarde, ya la dejaron sola. Miró a David.

  Eres poco hablador.

  ¿Y qué?

  Que tienes cara de ser hablador, por eso me sorprende.

  Pues no lo soy.

  Yo creo que sí, pero por algún motivo, piensas que el mundo es una mierda.

  Mira    dijo él volviéndose a mirarla    no tienes la culpa de nada, ni quiero contestarte mal, pero no quiero ni hablar con nadie, ni conocer a nadie ¿vale?

  Conmigo sí que querrás hablar “Don hablador”    le dijo Andrea sonriendo.

  Lo siento pero no, contigo tampoco.

  “Don hablador” vamos a pasar mucho tiempo aquí y a mí me gusta hablar, no te va a quedar otra.

Él la miró por primera vez más curioso que molesto.

  ¿Y qué te hace pensar eso?

  El hecho de que ya lo estás haciendo.

Era verdad. Sin despeinarse, esa chica le había hecho conversar, de una manera poco ortodoxa, pero era una conversación al fin y al cabo.

  Pero ya no la haré más.

  Por hoy    le dijo ella    porque ya te has soltado un poco y son casi las diez. Y deja que te diga una cosa, nadie merece la pena para dejar de ser tú. Nadie “Don hablador”

No le contestó, pero notó una mueca en boca ¿una tímida sonrisa? Al día siguiente, Andrea ya estaba en su puesto de trabajo cuando David llegaba, algo justo, de nuevo.

  Ya pensaba que no venías “Don hablador”

  Oye Andrea, eres una chica muy simpática, de verdad, y ojala te hubiese conocido en otras circunstancias, pero no quiero tener cont5acto con la gente, soy antisocial.

  ¿Y por qué me contestas siempre?

  Porque eres muy cansina, tía.

  Ya lo sé.

Otra vez la sonrisa, y esta vez era una de las buenas, que ni siquiera trató de taparla. Si David no quería hablar con ella, no lo consiguió. La chica le tuvo toda la tarde de palique. Le contó porque no quería ni hablar ni conocer a nadie. Ella le dijo que tenía treinta años, un hijo y un novio, que no era el padre de su hijo. El miércoles, ya no hablaban solamente, también reían. Hablaron de temas diversos en los que en casi ninguno estaban de acuerdo, pero sentía que congeniaba con ella, aunque no quería nada con Andrea, además de que tenía novio. Ella se convirtió, para él, en un refugio en plena tormenta. En alguien que lo entendió y que hizo que se valorase más. En definitiva, fue un soplo de aire fresco en su vida. Durante toda la semana, se buscaban a la hora del almuerzo, si a él le ponían en otra máquina. Se había convertido en una confidente. Se confesaron cosas que no le habían contado a nadie, había feeling entre ellos. Así día tras días, mes tras mes. Hasta que a falta de 15 días para que venciera el contrato de él, le dieron la noticia de que no seguiría en la empresa, y así se lo dijo a su amiga.

  ¿Y que voy a hacer yo sin ti, “Don hablador”? No será lo mismo, me caes demasiado bien, eres el motivo por el que vengo con alegría.

A él le llegó al corazón esas palabras, aunque no se lo dijo.

  Tú a mí también, cansina.

Se sonrieron. Y ese fue el momento en el que supo que ella le había agujereado el corazón. Ella lo había librado de la depresión, sin tener apenas nada en común, ambos se buscaban a diario con la mirada.

  Lo he dejado con mi novio.

  ¿Por?    no pudo dejar de alegrarse, pero no iba a dejar que ella lo notara    ¿Qué ha pasado?

  Es un egoísta, solamente piensa en él, él y después él. Y no puedo con eso.

  Mal hecho, pero no puedo dejar de empatizar con él.

  ¿Y eso por qué?

  Porque perderte tiene que ser como si cayeras a un pozo y alguien pusiera una losa de mil kilos para taparlo.

Ella sonrió.

  Que bonito, a la par que tétrico    dijo ella    me tienes que dar tu teléfono antes de que te vayas.

  Claro, no concibo mi existencia sin mi cansina.
El último día de trabajo a última hora, le dio un papel con su número apuntado.

  Espero saber de ti.

  Claro, bajaré algún día a echar una cerveza contigo.
Se dieron un abrazo caluroso y largo, muy largo.

  ¿Sabré de ti Andrea?    le dijo mientras sentía como se rompía su alma.

  Sabrás de mí.

Los días iban pasando y David, cada vez más angustiado miraba el teléfono esperando un mensaje o una llamada que no llegaban. No quiso darle su teléfono con la promesa de que ella le escribiría. De nuevo con el corazón roto, se resguardó en la seguridad de su piso, donde lo había visto hundirse nunca, esperaba una llamada que nunca llegaría y aunque fue recuperándose, pues el corazón es increíblemente fuerte, Andrea no se podía mover de su cabeza, como una vieja maldición. De alguna manera sabía que ella le había amado e incluso seguía haciéndolo, como él a ella. Seguramente habría vuelto con su novio y le habría elegido. Daba igual. A veces, hay personas que se aman y no están juntas, aunque haya otras personas en su vida.