Seguidores

sábado, 1 de diciembre de 2018

EL DESPERTAR DE LUCAS

A decir verdad, Richi no había prestado atención a la tía de su mejor amigo, Lucas, hasta su tercera visita. Y como para no fijarse. Cuando estaba en casa usaba camisetas largas, que no dejaban que se le viera nada, aunque sabías que debajo llevaba la ropa interior. Al menos la parte de abajo, porque sujetador no llevaba, pues el movimiento de sus pechos la delataban, además, había días que que se le transparentaban a través de la camiseta, ventajas y desventajas de tener una noventa y cinco de pechos. Ventaja para Richie y desventaja, aunque no parecía importarle mucho, para ella, que por cierto se llamaba Sandra.  Y para el gusto del chaval, estaba muy buena, pero también lo estaba para el de casi todos los tíos  y para casi todas las tías lesbianas. Y es que Sandra tenía veinticinco años, una altura de casi un metro ochenta y unos sesenta y cinco kilos de peso. Era blanca de piel, demasiado quizás, el cabello lo tenía negro como el interior de un túnel sin iluminación, y también algo rizado. Sus ojos eran de marrón claro, su dentadura perfectamente blanca por lavársela tres veces al día, lo que le confería una hermosa sonrisa. Tenía un carácter muy abierto con todo el mundo, educada pero contestona si era necesario, alegre, confiada y de vez en cuando le salía su lado de niña porque era inocente.




 Richi era todo lo contrario. Tenía dieciséis años y su carácter era bastante reservado, analizador y al principio muy frío.  No le costaba mucho enfadarse aunque no le costaba nada revertir las situaciones por la labia que tenía. Físicamente era más bajo que Sandra en unos diez centímetros. El chico no estaba gordo, aunque tampoco era un tirilla. Su pelo lo llevaba siempre corto, era rubio aunque algo oscurecido y sus ojos azul claro. Vestía con vaqueros sencillos, en ese momento eran cortos porque estaban a final de julio.



Su amigo Lucas no se le parecía en nada. Era tímido hasta la exageración, siempre trataba de pasar desapercibido con todo. Respecto a su amigo, ya había elegido su rol, estaría a su sombra. Y eso que físicamente no le tenía nada que envidiar, era más alto que su amigo aunque algo más tirillas, y mientras se sintiera seguro, pues tenía una sonrisa en el rostro. Era rubio, aunque más claro que Richi. Sus ojos verdes pasaban desapercibidos para las chicas porque él así lo quería. Y por si os lo estáis preguntando, no era marica. De hecho hasta hacía dos años dormía los fines de semana en casa de su tía, y encima dormía con ella, pero cuando empezó a desarrollarse, hizo lo que mejor se le daba, esconderse. Después ya no se atrevió a decirle a Sandra si podía volver a dormir con ella.



VIERNES 20:00

Los dos adolescentes salían del portal donde residía la tía Sandra, los dos iban pensando en sus cosas. Richi pensaba ya en la manera de ir a visitarla solo. Les había dicho que tenía la boda de un amigo esa misma noche y que tenía que arreglarse, pero lo interesante fue cuando dijo que le apetecía estar toda la noche de fiesta y que no tenía intención de volver hasta que saliera el sol. Y al chaval se le ocurrió un plan. Lucas no sospecharía nada. Por su parte, Lucas pensaba en cómo decirle a su tía que no le importaría a volver a dormir con ella los fines de semana, sin parecer un pringado. También se le ocurrió una forma.

  ―  Richi  ―  le dijo  ―  ¿te puedo pedir un favor?

  ―  Dime.
  ―  Es para la próxima vez que vengamos. Que le digas a mi tía que si puedo volver a dormir con ella.


Su amigo le miró.


  ―  ¿Estás seguro? Esas cosas deberías decírselo tú, es algo íntimo.
  ―  Ya, pero tú eres atrevido y para ti es fácil, pero yo no me atrevo.
  ―  Vale, se lo diré, pero la próxima vez trata de atreverte tú.
  ―  Te debo una

  ―  Sí. Y sé cómo me la vas a devolver.

SÁBADO 8:00

Richi Se las había apañado para decirle a su madre, que se iba a pescar con Lucas y el novia de su madre. A su amigo le había dicho que si llamaba su madre preguntando que le dijera que iba a pescar o que había estado pescando. Sabía que su madre no iba a llamar porque el estaría en casa, en cambio, Lucas creía que se había ido a las fiestas del pueblo de al lado con unos compañeros del instituto. Y todo ese follón para salir a las 8 de la mañana de casa sin que le hicieran demasiadas preguntas. Su destino era sencillo, al menos para los que estamos siguiendo este relato.  Ya llegaba al portal de Sandra, se sentó en el bordillo a esperarla, a ver si no tardaba mucho.  Hubo suerte, pronto apareció por la esquina la chica. Levaba un vestido de verano negro, de tirantes, corto y fino, pues hacía calor. Espectacular era el adjetivo. Cuando lo vio allí, ella sonrío.

  ―  Hola corazón ¿Qué estás haciendo aquí?
  ―  Estoy esperando a Lucas para ir a pescar al estanque, pero se ha debido dormir.
  ―  ¿Quieres que lo llame?
  ―  Déjalo, da igual, esperaré un poco más.
  ―  ¿Y cómo vas a pescar?
  ―  Solo usaremos su caña.
  ―  ¿Quieres subir hasta que llegue?
  ―  Si no te importa…
  ―  Tranquilo, aún tengo cuerda para rato.
  ―  Es que así, se me hace más corto el rato.

Se levantó mientras Sandra abría la puerta y entró detrás de ella. Y la mirada se le fue al trasero de la chica. Dedujo que llevaba tanga porque veía la forma de la goma, marcada en el vestido. Sus pasos se dirigían al ascensor, les tocaba ir al cuarto que era donde ella vivía.

Cualquier otro día, Sandra habría subido por las escaleras, pero llevaba los pies molidos. También Richi hubiese subido a pie, peor en ese momento prefería el ascensor. Era un pequeño habitáculo,  viejo, ruidoso y lento. Entraron, mientras Sandra apretaba al cuarto, se apoyó en la pared, Frente a ella, Richi la miraba sin disimulo alguno.

―  ¿Qué tal la boda?  ―  le dijo por hablar de algo.
―  Muy tradicional y mucho baboso. Un rollo, pero ya está…

El ascensor estaba entre el bajo y el primero. Richi se había acercado un poco, suficiente para estar casi seguro de que no llevaba sujetador. Cuando llegaban al primero se le ocurrió preguntárselo a ver qué pasaba.

  ―  Sandra  ―  la miró  ―  ¿no llevas sujetador?

La chica le miró, pasmada. Estaban entre el primero y el segundo.

  ―  Eso me lo preguntas porque has mirado, así que tú sabrás si llevo o no.

Llegaban al segundo.

  ―  No llevas Lo sé.
  ―  Es verdad. No llevo  ―  le dijo mirándolo.

Al chico se le fue la mirada a la zona de los pechos. Estaban entre el segundo y el tercero.

  ―  Pues te habrán bailoteado y se te habrán marcado ¿verdad?
  ―  Verdad. Y se me ha salido la mitad de la derecha.


Richi la tocó suavemente con la punta de su dedo índice.

  ―  ¿Esta?

Boquiabierta, lo miró unos instantes.

  ―  Sí.

Ya estaban en el tercero. El calor corporal de la chica había ascendido. Pronto se daría cuenta él. Y acababa de darse, justo en mitad del cuarto piso.

  ―  ¿Estás bien, Sandra?  ―  él sonreía.

El chaval pensó en parar el ascensor, bajarle los tirantes no sería muy complicado y además, nadie podría intervenir.

  ―  Si ¿Por qué lo dices?
  ―  Solamente porque se te marcan los pezones y estás sudando. Debe ser la temperatura corporal que está que arde.

El niño sabía lo que hacía y se daba cuenta de las reacciones corporales la chica, la cual, lo veía capaz de cualquier cosa en ese momento.

―  Pero no tiene nada que ver contigo  ―  le dijo ella.
―  Yo no he dicho eso  ―  sonrió él.

Acababa de meter la pata y Sandra lo sabía, pero le daba igual, era un niñato sin respeto y no iba a lograr nada con ella. El ascensor llegó a su destino. El ruido emitido por el viejo cacharro y la situación generada, hizo que ella lanzase un pequeño grito. Las puertas no se abrían ¿por qué demonios les costaba tanto?

―  Pues para el calor, es bueno quitarse la ropa.

¡Eso ya era el colmo! ¿Se atrevía a decirle que se quitara la ropa? Pero incluso siendo toda una mujer, lo que más curioso de todo el acontecimiento, era el estado de excitación que llevaba. Ella no quería nada con él, pero ya no lo tenía nada claro. Estaba claro que  el chaval tenía labia como cualidad innata. Salieron del ascensor. La puerta donde residía ella estaba a la derecha. Entraron y sin pensarlo, Sandra se lanzó al sofá para ver si se le pasaba todo aquel calentón.
Hay algunas personas que las neuronas les responden mejor en situaciones límite, hay otras que se bloquean en situaciones límite, esa es la grandeza del cerebro humano, que cada uno reacciona de una manera distinta ante la adversidad.  Sandra no se dio cuenta, pero al caer al sofá, el vestido se le levantó y cuando bajo, cual paracaídas, dejó a la intemperie su tanga de hilo de color azul oscuro. No hubiese tenido importancia, si un niño que ya llevaba tiempo despertando sexualmente, no hubiese estado ahí.  Todo le salía genial al muchacho, que sonrió, pero no dijo nada, lógicamente. El paisaje era de una belleza hipnótica, casi poética.

  ―  Me debería duchar  ―  dijo ella en plan retórico.
  ―  Claro.

La chica se incorporó y fue cuando se dio cuenta que se le estaba viendo toda la parte de abajo. Se bajó el vestido con un golpe de rabia y miró al crío.

  ―  Te vas o te quedas aquí hasta que venga mi sobrino.
  ―  Dúchate tranquila, no entraré.

La verdad es que Sandra estaba algo intranquila, debería esperar a que él se fuera o a que llegara su sobrino. Tampoco iba a estar eternamente en su piso. Algo se le pasó por la cabeza ¿y si lo de su sobrino era una estrategia para estar a solas con ella? Tenía sentido.

  ―  O mejor me ducho cuando te vayas y así saludo a Lucas.
  ―  ¿Y si se ha dormido?
  ―  Me arriesgaré.

Él esbozó una sonrisa entre lasciva porque seguía con los tirantes medio bajados y también un poco aterradora. Pero estaba decidida a actuar como una mujer adulta.

  ―  Voy a cambiarme.

El ni dijo nada ni la siguió. Buena señal. Llego a su cuarto, busco un pantalón corto y una camiseta, cuando las encontró, las sacó y se quitó el vestido.

  ―  ¡Vaya cuerpazo!

La chica se volvió y vio a Richi en la puerta ¿cómo no la había cerrado? La verdad es que estaba de los nervios.

  ―  Me voy a vestir.
  ―  ¡Estas para comerte, Sandra!  ―  dijo haciendo una demostración de descaro.

Los nervios aumentaban, y también la excitación. Así que decidió proponerle algo.

  ― Escucha Richi. Yo no puedo más con esta situación, me estoy poniendo de los nervios y paso de estresarme. Te propongo algo. Durante una hora te dejo que juegues con mi cuerpo de cintura para arriba, a cambio de que no intentes llevarme a la cama. ¿Te hace?

  ―  Temes que lo logre ¿verdad?
  ―  ¡Es muy estresante!
  ―  Si, si el estrés.

Ella por fin lo reconoció

  ―  ¡Si, vale. Si sigues así caeré! ¿Contento?  ―  explotó  ―  ¿qué te parece la propuesta?
  ―  Pues que me lo voy a pensar y esta tarde te digo algo  ―  dijo el chaval  ―  y por si no lo sabes, la culpa es de Lucas, por meter al lobo en casa.

Patidifusa, vio como el niño salía del piso. No es que se fuera porque se acobardase, es que se la había ocurrido otra cosa. Recordó cuando Lucas le dijo que le ayudara y aunque no iba a hacer eso exactamente, sí que le serviría para aprender una cosa, pero a su manera, claro.

21:00

Los dos jóvenes llegaban a casa de Sandra. Evitaron llamar al automático, para regocijo de Richi. Llamaron a la puerta.

  ―  Hola  ―  dijo su sobrino entrando.

Ella y Richi se miraron pero la mujer de manera distinta a la del chaval.  Sandra se puso cerca de la cocina, frente al amigo de su sobrino pero a una distancia prudencial, mientras  Lucas estaba entre ellos dos, pero adentrándose en el salón, haciendo entre los tres un triángulo. Miró a su amigo.

  ―  ¿Se lo vas a decir?
  ―  No me atrevo  ―  quiso decirle susurrando.
  ―  ¿A qué no te atreves, cariño?  ―  le dijo su tía.
  ―  Última oportunidad ¿se lo dices tú?  ―  se metió Richi.
  ―  ¡Ayúdame!  ―  le quiso susurrar.

Él asintió con la cabeza.

  ―  Sandra, te voy a decir una cosa  ―  ella miró a Richi. Él se acercaba poco a poco a la mujer, que vestía con la indumentaria habitual de estar por casa, sólo que esta vez se le transparentaban los pechos débilmente a través de la camiseta  ―  a Lucas le da vergüenza decirte una cosa.
Se acercó un poco más.

  ―  ¿El qué?

Se acercó otro poco, ya casi estaba a tiro.

  ―  No se atreve a deciros que si quiere que durmáis juntos, como hacíais antes.

La mujer miró a su sobrino y Richi aprovechó para, ahora sí, estar a la distancia adecuada.

  ―  ¿Eso no te atrevías a decírmelo? Si no me molesta dormir contigo  ―  decía mientras su tímido sobrino miraba al suelo  ―  pero pensé que ya… ¡ah!

Mientras hablaba con Lucas, Richi fue hacia la ella con cuidado y le puso las manos en su trasero y le daba la vuelta hacia él, mientras Sandra lanzaba un grito intentando comprender que pasaba. El chaval aprovechó su confusión para poner sus manos en los pechos y masajeárselos. La mujer apretó los dientes y empezó un juego de manos contra Richi, para tratar de quitarle las manos de sus senos, aunque lo único que conseguía era palmear las suyas contra las del adolescente, para enseguida, él volver a masajeárselos. De vez en cuando ella soltaba un suspiro, mientras más palmadas con los mismos resultados seguían presentes.

  ―  ¡Para Richi, joder!  ―  de nuevo, suspiros.

Y como los juegos de manos no funcionaban ella se fue hacia atrás a ver si el la dejaba en paz, pero Richi la siguió, con sus inquietas manos y su sonrisa burlona en el rostro. Cuando ella se golpeó en la encimera, el siguió haciendo lo mismo que en el salón, mientras ella trataba de repeler su ataque y gemía de manera más habitual. El chico le plantó las manos en sus nalgas y la sentó en la encimera, mientras volvió para manosear sus pechos. Mientras trataba de evitar que el siguiera con su cometido, se dio cuenta de que tenía el juego de cuchillos al alcance de la mano y pensó, pero tampoco iba matarlo por eso. Él seguía a lo suyo, y una vez más lo consiguió, haciéndole gemir a Sandra un par de veces seguidas. De nuevo se replanteó lo de los cuchillos, pero no quería y como estaba tentada, pegó un manotazo a los cuchillos alejándolos de su alcance. Richi se dio cuenta de lo que había pasado, la miró y decidió sacarla de la cocina.

Y mientras tanto, Lucas miraba la escena, pensando que su amigo era un geta y un traidor, que se aprovechaba de su tía, que por otra parte, él creía que podía hacer algo más por evitar lo que le hacía su amigo. Una ola salvaje de celos se empezó a apoderar del chico, mientras Richi iba ganándole terreno a Sandra. En ese momento pasó lo que tenía que pasar. Él le plantó las manos en sus atributos una vez más, y esta vez, su tía, cansada, ya no le quitó las manos, solamente miró a Richi y como si fuera un ritual, gimió. Y Su amigo, que nunca se daba por vencido, le quitó la camiseta, no sin esfuerzo ya que ella plantó un poco de resistencia, dejándola con los pechos al aire y de nuevo gimiendo.  Richi le fue manoseando sus senos, mientras ella suspiraba cada vez más y Lucas seguía mirando la escena, como si de una película erótica se tratara.  

  ―  ¡Buf!  ―  era el suspiro de ella, que cada vez podía disimular menos, que el crío la estaba excitando.

Y es que, debido a las ganas del joven,  la agarró de sus posaderas y consiguió levantarla en brazos, y aunque de malas maneras, logró llevarla a la habitación. Por eso ya no podía disimular más, aparte de lo que le hacía Richi, se había puesto tanto, que tenía que echar a su sobrino de casa. Pudo ver que de momento seguía allí mirando. Él la metió en el cuarto, y sin fuerzas para más, casi la dejo caer encima de la cama. Enseguida se puso encima de ella para volver a manosearle los pechos, como si solo le interesara esa parte de su cuerpo.  Con la yema de sus dedos, le empezó a acariciar la vagina suavemente por encima de las bragas, mientras la mujer ya ni intentaba disimular la excitación, como tampoco se acordaba de su sobrino.

En ese momento, Lucas solamente escuchaba gemir a su tía, no tenía ni idea de lo que le estaba haciendo él, porque al contrario que su amigo, él nunca había estado con una mujer, aunque si tenía la convicción de que ella estaba disfrutando. Se acercó al cuarto por donde habían entrado, y cuidadosamente se asomó. Y lo que vio fue a su tía en bragas y a él encima de ella, en bóxer. No entendía bien lo que pasaba, pero se hacía una ligera idea, porque ella estaba retorciéndose.  La verdad, que para él, que era la primera vez que lo veía, era un espectáculo y se le estaba haciendo la boca agua, pese a que eran su amigo y su tía. Con más celos recorriendo su sistema nervioso, salió corriendo hacia la cocina, pero ¿por qué? Lo que quería era irse de ese piso. Se encontraba como desorientado. En ese instante no supo porque, pero cogió un paño y algo de la fregadera y lo envolvió dentro. Volvió hacia el cuarto y miró, y celos aparte, no le disgustaba lo que veía.  Entro en el cuarto al mismo tiempo que Richi y su tía, lo miraban.

  ―  Cariño  ―  decía su tía  ―  sal de aquí, que ahora voy yo.
  ―  Déjale, que mire lo que te hago y aprenda.
  ―  Anda cielo, que ahora saldré para estar contigo.

No la oía. Miraba a Richi y se aferraba al paño que llevaba en su mano derecha. Se acercó hasta él.

  ―  No me importa que mires, pero aléjate un poco.

Lucas sonrió, mientras fue quitando el paño y sacando el cuchillo que unos minuto antes, su tía había tirado al fregadero de un manotazo. Ni Richi, ni Sandra lo vieron y fue cuando decidió clavárselo. Una primera cuchillada en el vientre, hizo que Richi aullase de dolor y mirase a Lucas sin entender lo que acababa de pasar. Sandra estaba petrificada mirando como perdía sangre el crío. Cuando se desbloqueó, se levantó manchada con la sangre de Richi y deicidio hablarle con tranquilidad, pues no le tenía miedo porque sabía que sería incapaz de matarla a ella.

  ―  No te asustes cariño, tranquilo.

Lucas seguía sin oírla, le sacó el cuchillo a Richi, mientras este se desplomaba en la cama ensangrentada, lo que no hizo su amigo se lo clavase unas catorce veces, hasta que ya se empezó a relajar. Su tía le seguía hablando con cariño y tranquilidad, para que todo fuese igual que siempre. Y ahora si la oía.

  ―  Tranquilo cielo, solamente ha sido un arrebato, todo saldrá ben.

Él la miro.

  ―  Necesito un abrazo  ―  le dijo.

Sandra no lo dudo y abrazó a su sobrino. El calor lo reconfortó. Era un abrazo como el de una madre, sincero y cálido. Por eso Lucas espero un minuto más.

  ―  Te quiero, cariño  ―  le dijo ella.

Un segundo después, sintió la hoja del cuchillo en su abdomen, y la sangre caliente que la cubría, para después empezar a sentir la suya propia.

  ―  Yo también te quiero  ―  le dijo antes de asestarle cuatro cuchilladas más.















sábado, 6 de octubre de 2018

HUIDA AL ANOCHECER

Nuria corría como alma que llevaba el Diablo. Estaba anocheciendo y no había ni un alma en el enorme parque. La niña huía de algo. Tenía catorce años y pese a que refrescaba llevaba una falda corta y una camiseta de tirantes desgastada de tantas veces que se había lavado. No quería mirar hacia atrás ni falta que le hacía. Delante de ella, a unos cien metros, se hallaba un chico, estaba sentado en un banco de los que bordeaban el sendero principal del parque. Corrió todavía más, si se iba estaba perdida.

Rubén iba todas las tardes al parque, le gustaba ver a la gente pasear, correr, reír y hasta discutir cuando lo hacían. En definitiva, le gustaba observar. También le gustaba observar a las adolescentes que hablaban del último programa que habían estrenado en televisión o del chico nuevo que se sentaba junto a ellas en el instituto, entre otros temas. A veces se imaginaba que se habían fijado en él y cuchicheaban para ver cual de ellas se acercaba a decirle algo. Tenía treinta y dos años y se había liado en el último año con seis quinceañeras, año arriba, año abajo. Eso le había acarreado algún problema, de momento, de carácter leve. Y ya eran ganas de complicarse la vida, porque Rubén era un tipo atractivo. Era alto y delgado, con el pelo bastante claro, ojos verde oliva y un don de gentes envidiable. Vamos, que se podía haber ligado a muchas mujeres de su edad. Pero él prefería las quinceañeras. Era extraño que no hubiese gente a esas horas por el parque, pero lo veía con sus propios ojos, ni un alma. Ni una pareja de novios paseando, ni un drogadicto escondiéndose para meterse su ración diaria, ni abuelos, ni niños ni nadie. Aunque….escuchó unas pisadas acercándose hacia él. Se volvió. Puso una sonrisa enorme al ver a la niña, que encima iba derecha a él y, qué coño, no había nadie más por los alrededores. Nuria paró enfrente suya, jadeando. Era casi tan alta como él, delgada, pelo rubio y unos grandes ojos azules que le conferían un rostro muy agradable.

― Hey ― dijo él ― tranquila preciosa.

La chica le miró y por fin sonrió.

  ― Menos mal que está usted aquí, he visto algo muy raro y me ha dado miedo.
  ― Calma, calma, y no me trates de usted ― le tranquilizó ― ¿qué has visto?

Ella lo miró en silencio, dándole suspense.

― Un fantasma.

Haciendo un esfuerzo por no echarse a reír, enseguida trató de sacar tajada al asunto, en eso era todo un maestro.

― ¿Cómo era?

 Nuria volvió a coger aire.

― Le faltaba media cabeza.

Rubén abrió los ojos como platos, mientras su mente analizaba el tema para que la chica quedase prendada de él.

― ¿Por dónde lo has visto?
― Detrás de esa curva, unos metros más allá ― dijo volviéndose para señalarle el lugar.
― Vamos a echar un vistazo ¿cómo te llamas?
― Nuria.
― Es un nombre muy bonito, casi tanto como tus ojos.

La chica sonrió y lanzó una risita nerviosa.

― Gracias.

Él la miró satisfecho, de momento, le estaba saliendo todo genial. Le tendió la mano para que ella se agarrara y así lo hizo. Caminando, Nuria se quería quedar rezagada, no quería ir al lugar que le había dicho.

― Tranquila ― le dijo ― yo te protejo.

Ella sonrió y aligeró el paso, como si aquellas palabras ahuyentaran a los espectros. Con un cuidadoso disimulo, Rubén le empezó a acariciar la mano suavemente y a ella no pareció importarle, se sentía cómoda con él y después de todo, era la única persona que había en el parque. Llegaron a la zona, donde Nuria dijo haber visto la aparición, Rubén miraba aparentando interés, peor no vio nada. Y por fin se le encendió la bombilla.

― ¡Si, ya lo veo! ― dijo apretándole la mano a la chica ― ¡es terrible!
― ¡Yo también lo veo! ― dijo poniéndose detrás de él sin soltarle la mano ― ¡me da miedo!

Poniendo cara de estar aterrorizado, y haciendo un titánico esfuerzo par ano reírse, Rubén se volvió hacia ella. Volvió a mirar a ver si había gente. Nada.

― Nos vamos del parque, corazón.

Y sin pedirle permiso a la joven, metió sus encalladas y duras manos por dentro de la falda, agarrándole el trasero y levantándola en el aire, para pegarla a su cuerpo.

― Así iremos más rápidos, mi amor.

Sonrió agradecida y se abrazó al cuello del hombre. No llevaban veinte pasos, cuando él empezó con otra pantomima. Se volvió hacia atrás y empezó a correr.

― ¡Dios mío, viene hacia nosotros!

Empezó a correr más rápido, el problema es que podía entrar alguien en cualquier momento, eso y que se estaba impacientando.

― ¡Lo veo, corre porfi! ― decía ella.

Aprovechando para agarrar mejor las nalgas de la niña siguió corriendo. Cada paso, y debido al traqueteo al que la sometía Rubén, la chica lanzaba suaves gemidos. Por fin salieron del parque. Paró la carrera pero no bajo a la muchacha, la cual se separó un poco de él, lo suficiente para que él viese que no llevaba sujetador y que se le transparentaban a través de la camiseta, los pequeños pechos. Sonrió.

― Cariño ¿es que no llevas sujetador?

Ella lo miró y negó con la cabeza.

― Ya se lo que podemos hacer. Yo vivo en el portal que está en mitad de la calle ― lo señaló con la cabeza ― podemos subir a casa, descansamos de semejante experiencia y te doy un sujetador de mi hija que tiene tu edad ¿vale, cielo?

Por supuesto no existía tal hija.

― Vale ― dijo ella ― pero no te he dicho mi edad.

No se esperaba el comentario, pero tenía la respuesta. Ya le había pasado alguna vez más.

― Supongo que tienes trece o catorce.
― Catorce.
― Mi hija también ― le miró los pechos de nuevo ― y tendrá tu talla más o menos.
― Supongo que es una chica muy guapa ― dijo ella recostándose sobre el hombro de él.
― Casi tanto como tú.

La tenía en el bote, había caído a la primera y ahora, después de la comedia montada con el dichoso fantasma, le tocaba disfrutarla. Casi habían llegado al portal, curiosamente, seguían sin ver a nadie. Era curioso. Rubén se alegraba de ello, pero era raro. Nuria empezó a temblar y a agitarse de nuevo.

― ¡El fantasma está aquí! ― gritó.

Dichoso fantasma, ya estaba hasta las narices de la historia esa.

― No digas tonterías, se ha quedado en el parque.

Y si era una tontería ¿por qué se sentía algo inquieto?

― ¡No, está aquí, mira!

Se volvió despacio, casi esperaba ver algo, pero lógicamente no vio nada.

― No cariño, no está.
― ¡Está aquí, tengo miedo!

La separó para besarla y así relajarla, pero cuando miró a la cría se quedó blanco ¿cómo era posible?

― ¿Lo ves? ― decía ella aterrada.

Pero él solo la miraba a ella, veía la mitad de su cabeza, que estaba cortada de manera vertical, la otra mitad, simplemente no estaba. Incapaz de quitarle las manos de las nalgas, notó como la sangre de la niña se escurría por encima de él, al igual que trocitos de cerebro iban cayendo también encima suyo. Su angelical rostro se había convertido en media cara horripilante.

― Muy bueno lo de que veías al fantasma.

Ya no tenía voz de niña, ahora era mucho más masculina. Rubén había enmudecido totalmente, no podía articular palabra, solo miraba esa mitad de un rostro. Pero como si el destino le hubiese deparado conocer a Nuria, con ironía, seguía apretándole las nalgas con sus manos, mientras su rostro se empezaba a desfigurar y litros de sangre caían por su cuerpo, tiñéndolo de rojo oscuro.

Y por fin empezó a gritar.